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El asilo de ancianos se llena de niños

Son las tres y cuarto de la tarde del martes 20 de diciembre y un batallón de niños y niñas entre 3 y 7 años se agolpa a las puertas de la Residencia de ancianos de Monóvar. Todos están impacientes y deseosos de entrar a esos pasillos, nuevos para muchos de ellos, en los que los adornos navideños, hechos por los abuelitos que allí viven, nos encantan a todos los mayores y pequeños que entramos.

El Belén siempre es sorprendente; los nueve años que llevamos acudiendo al asilo, nos lo hemos encontrado en un cofre como si se tratara de un tesoro, en una tienda de campaña… este año, nos preguntamos dónde aparecerá nuestro querido niñito Jesús.

La madre superiora nos recibe con una gran sonrisa, nos indica que podemos entrar y la emoción se refleja en las caras de los niños.

Ataviados con trajes de mochilleros, panderetas y zambombas, nos dirigimos al recinto donde nos esperan los ancianos y ancianas y todos los auxiliares del centro.

Es indescriptible la emoción que se vive en esos momentos, ya que muchos de los mayores que allí nos esperan, no han visto corretear por sus pasillos a tantos niños desde el año anterior. Sus sonrisas inundan toda la sala y después de las presentaciones y los saludos, empezamos a cantar villancicos, primero e los más pequeñitos, y luego, como todos los años, ellos nos cantan, ilusionados y nerviosos como si fuese su primera vez, los villancicos que llevan días ensayando.

Alguna que otra lágrima corre por las mejillas de los más mayores que vamos de visita y el calor de la Navidad que se respira entre esas cuatro paredes, llega al corazón de todos los que estamos allí presentes.

Un pequeño gesto como este, es capaz de hacer feliz a mucha gente que lo necesita. Desde aquí invitamos a todo el que pueda a visitar a los ancianos, a acompañarlos un ratito en estas fechas, ya que haciéndolo se descubre que el verdadero sentido de la Navidad se encuentra en los momentos en que hacemos felices a los demás.

Ojalá todos los meses fuese Navidad. Ojalá todos tuviésemos tiempo para cantar villancicos a los que se sienten solos y ojalá no existiese esa palabra llamada soledad en estos días tan felices.

Desde aquí queremos que llegue un gran abrazo y nuestra mejor canción a todos los mayores de Monóvar, de parte de los niños y niñas, padres, religiosas y profesores del Colegio Divina Pastora.

Canonización P. Faustino

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